LA DIDÁCTICA, ¿CIENCIA O MAGIA?
Hoy en día, a mi parecer, está muy
presente en nuestras aulas el aprendizaje
mecanicista como he podido observar en las aulas de 5º y 6º de mi centro de
prácticas, donde la adquisición de nuevos conocimientos se promueve a través de
procedimientos y prácticas repetitivas concediendo poca importancia al proceso
que esto conlleva y centrándose sólo en el fruto final de la actividad. Esto es
lo que se denomina como “mentalidad mágica” la cual pasa del
golpe de una causa a un efecto.
Desde mi punto de vista, el papel del
profesor en estas aulas se reduce en desarrollar buenos hábitos en los alumnos
y en dictar ejercicios estructurales basados en la memorización y repetición.
En consecuencia, los alumnos no muestran
ningún aprendizaje efectivo pues su papel es bastante pasivo, respondiendo
únicamente a los estímulos ofrecidos.
De esta forma, el profesor se convierte en el mago y los alumnos en espectadores que
nunca llegarán a conocer el proceso o “truco” que ha realizado el profesor o
“mago” para llegar al resultado final.
Así pues, este es uno de los graves
errores que ha estado presente en el sistema educativo y que sigue hoy vigente,
sin tener en cuenta la evolución de la sociedad y sus necesidades.
No obstante, podemos visualizar una
serie de teorías que
han ido evolucionando hasta el llamado constructivismo.
El cual ofrece un sistema de enseñanza
totalmente opuesto al anterior donde el aprendizaje de los alumnos es efectivo
y donde se produce ese proceso de “desmagificación”, el cual consiste
en eliminar la mentalidad mágica, de la que anteriormente hablábamos, en la
explicación de los hechos.
En oposición al aprendizaje mecanicista
nos topamos con el constructivismo apoyado
en el aprendizaje significativo, que es aquel que defiende un aprendizaje en el
que los alumnos construyen su propio conocimiento. En este punto, el
profesor se convierte en un guía y orientador que ofrece herramientas a sus
alumnos para que elaboren sus propios conocimientos para resolver una solución
problemática.
Así pues, de todas las teorías la
preferible sería el constructivismo donde el proceso de enseñanza se percibe y se
lleva a cabo como un proceso dinámico, participativo e interactivo del sujeto, donde este relaciona la información
nueva con la que ya posee, reajustando y reconstruyendo ambas informaciones en
este proceso. Es cierto que, este tipo de aprendizaje está floreciendo en
nuestras aulas como es en el caso de mi tutora la cual aboga por un aula basada en el aprendizaje
constructivista.
En
mi opinión, todos los docentes tenemos
que estar al día de las exigencias del mundo globalizado en el que nos
encontramos, y a su vez tenemos que saber dar respuesta a las mismas
innovando, mejorando y buscando nuevas formas de hacerlo atendiendo a las
características de cada alumnado para así alcanzar una educación de calidad. Sin
embargo, no nos podemos quedar fijos en
una teoría, sino tener en cuenta todos los aspectos positivos y negativos
que nos ayuden a formular nuevas teorías que mejoren las anteriores y que vayan
respondiendo a las necesidades que va demandando la sociedad.
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