jueves, 4 de mayo de 2017

Semana del 3 al 5 de mayo

EL EFECTO PIGMALIÓN


A lo largo de mis prácticas, he podido observar la práctica del efecto Pigmalión que llevan a cabo los profesores y en especial mi tutora con los alumnos. Sin embargo, a mi parecer este efecto es muy ambiguo, ya que este puede ser tanto negativo como positivo en función de lo que queramos transmitir. Así pues, puede entenderse de varias maneras o admitir distintas interpretaciones y causar, por consiguiente, incertidumbre o confusión.
Por ello hay que tener mucho cuidado en las expectativas y creencias, porque al fin y al cabo todo va a depender de la actitud que muestre el profesor ante sus alumnos.
En esta vertiente aparece el peligro de las etiquetas y su probable aparición en la práctica del “efecto Pigmalión”. Podría parecer que la idea de que no se deben poner etiquetas a los niños está superado. Sin embargo, todavía es frecuente escuchar cómo algunos padres, madres e incluso el profesorado, utiliza “definiciones” para referirse a los niños, expresando verbal y abiertamente estas opiniones aun estando el niño o la niña delante.
Cuando esto se produce, en realidad, le estamos diciendo lo que vemos de él. De este modo, al definirlo no le transmitimos que puede o debe cambiar, sino que él es así. Así pues, las etiquetas se convierten en un juicio de valor que coarta la personalidad al focalizarla en una característica.
Al mismo tiempo las etiquetas positivas, es decir, aquellas que aprueban en demasía algún aspecto, habilidad o conducta del niño, pueden resultar un arma de doble filo, ya que podrían darse situaciones ante las cuales el niño no pudiera responder según las exigencias de esa etiqueta que ha sido designada.
De este modo, el hecho de tener una opinión negativa o positiva de los niños se puede reflejar en la conducta no verbal de los adultos, en nuestro tono de voz, en el número de oportunidades que les damos, etc.
Así que... ¿Cómo podemos evitar la aparición de las etiquetas?
Teniendo en cuenta la influencia del entorno, se debería procurar que este fuera lo más estimulante posible, es decir, trabajar para conocer, potenciar y fomentar al máximo las capacidades del alumnado, así como de cada individualidad. Del mismo modo, creyendo en sus posibilidades de forma sincera, se reflejará de forma inconsciente en la conducta del maestro y por tanto, promoverá la desaparición de las etiquetas.
Por último, es importante destacar el peligro de los refuerzos, ya que estos pueden desembocar en más inconvenientes que ventajas. Cuando el profesor está llevando a cabo el “efecto Pigmalión”, consciente o inconscientemente está dando refuerzos al alumno ya sean positivos o negativos, por lo que está condicionando su conducta para alcanzar la expectativa a la que quiere llegar el profesor.
Por ello, es conveniente utilizar expresiones como “vas bien” mejor que “muy bien”, y del mismo modo, hacerles empatizar con los errores y haciéndoles saber que errar es de humanos pero que siempre se puede mejorar, y por lo tanto animarles a ello.
En conclusión, el “efecto Pigmalión” tanto el positivo como el negativo está presente en nuestras aulas, así como en cualquier otro grupo humano. Así pues, de nosotros depende potenciar un efecto u otro.
 

 
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario