LOS DEBERES
Según un estudio
realizado en la Universidad de Duke (2006), no parece haber correlación entre
los deberes y el éxito académico. No hay ninguna prueba
que confirme que los deberes ayuden a cumplir retos educativos a largo plazo
como crear individuos con inquietudes por el aprendizaje, creativos y capaces
de pensar analíticamente.
Los deberes roban un
tiempo que podría dedicarse a algo que contribuya a mejorar la salud global del
niño, su bienestar y su desarrollo intelectual. Los niños pequeños y también los
adolescentes necesitan mucho tiempo libre para jugar. Ese es su modo de dotar
de sentido al mundo que les rodea y el lugar que ocupan en él.
La sobrecarga de deberes
puede afectar a la socialización con familiares y amigos, el ejercicio físico,
las actividades al aire libre y el sueño. Todos estos elementos son
fundamentales para gozar de una infancia y una vida equilibradas.
Si se carga a los niños con deberes, ¿con qué motivación van al día siguiente a la escuela?
Para mi tutora los
deberes no son importantes ni necesarios. Por ello, no lleva un control
estricto sobre la realización de los mismos. Sin embargo, los deberes
sí son precisos en casos más especiales tratados como orientación y apoyo para
aquellos alumnos que necesitan algún refuerzo especial, ya sean fichas para
trabajar la caligrafía, la numeración, los problemas, etc. No obstante, el
tiempo en la realización de estas tareas lo autogestionan los propios alumnos,
con la única condición de realizar dos o tres fichas por semana.
En general, los deberes
que se mandan son fichas fáciles con un fin didáctico y de entretenimiento
(trabalenguas, acertijos, cómics, etc.). Del mismo modo, cada vez que se
finaliza un tema, se facilita a los alumnos una ficha de repaso para que la
hagan, la estudien y la mantengan en casa como resumen de lo trabajado.
Mi tutora es de la
opinión de “quienes más aprovechan los
deberes son los que menos lo necesitan”. Así pues, cada alumno dispone de
un cuaderno en el cual realizan deberes de manera voluntaria. Ellos mismos se
gestionan el tiempo y la realización de los mismos. De este modo, los propios
niños de forma espontánea realizan deberes que ellos mismos se imponen para
reforzar lo aprendido en clase. Como elemento motivador,
en el tablón del aula hay una tabla de seguimiento de los deberes, en la cual
los niños cada vez que realizan una tarea se pintan un cuadrado (amarillo para
matemáticas, azul para lengua, verde para science y rojo para inglés). La finalidad de este
seguimiento es meramente motivadora, la realización de más tareas no va a
suponer más nota, simplemente la satisfacción propia del alumno por haber
obtenido más cuadraditos.
En
mi opinión, la escuela debería estar sumamente interesada en que los niños
jueguen. En esto hay que comprometer también a las familias. A menudo crean
para los niños agendas más apretadas que las de los mayores. Los deberes deberían
ser una ayuda para los alumnos con alguna necesidad, apoyo o refuerzo, pero
estos no son tan capaces de acometerlos, y además en casa a menudo no
encuentran ayuda, pues pertenecen a familias de bajo nivel social y cultural.
Así, quienes más aprovechan los deberes son los que menos los necesitan.
Por
este motivo, me parece interesante el planteamiento de mi tutora acerca de los
deberes. Los cuales están considerados como un elemento de refuerzo, didáctico
y de entretenimiento donde los alumnos se gestionan su propio tiempo a la hora
de realizarlos y al mismo tiempo de forma espontánea realizan sus propios
deberes.
Así
pues, los deberes deberían plantearse como formación complementaria para
aquellos alumnos con alguna necesidad de apoyo o refuerzo y como elemento
motivador para que los alumnos aprendan a gestionarse y a adquirir un hábito de
estudio. Esto requiere una reforma en el currículum educativo con vistas a una
enseñanza más motivadora, práctica y centrada en la adquisición de competencias
básicas propias de estos tiempos y una formación del profesorado adecuada en
este sentido.
CARNAVAL, CARNAVAL!
¡Los carnavales llegan al Obispo Moscoso! Todos los alumnos y
profesores nos disfrazamos de medios de comunicación. Los más pequeños nos
sorprenden con su disfraz de correos. Después, los de 4 años se pasean con la más
alta tecnología convertidos en pequeños iphones. Los de 5 años nos deslumbran disfrazados
de televisores.

Los mayores del cole aparecen de luto debido a la quema de la sardina…
En resumen un carnaval ¡de lo más tecnológico!