¿POR
QUÉ EL JUEGO ES IMPORTANTE?
El juego constituye un elemento básico en la vida de un niño, que además de divertido resulta necesario para su desarrollo. Pero, ¿por qué es importante y qué les aporta?
En primer lugar, el juego es el modo en el que los niños interactúan con la realidad, siempre partiendo del interés y sabiendo que no van a ser juzgados o calificados por lo que hagan. A su vez, el niño necesita jugar porque esa es su forma de interactuar con una realidad que le desborda.
Por otro lado, es una forma de expresión libre,
que parte del interés y la motivación, de manera que el niño se implica de una
forma personal convirtiéndose así en una actividad significativa (el niño
construye el conocimiento en las primeras etapas de la vida en base a su
experiencia y el juego es el modo más básico de experimentación y al que más
tiempo dedica). Piaget nos dice que la primera etapa por la que pasa el niño en
su desarrollo es la sensorio-motora; el movimiento y la experimentación se
convierten en el principal vehículo para el desarrollo de la inteligencia, y
qué mejor manera que desarrollar dichas habilidades a través del juego. De este
modo, como decíamos anteriormente el juego nos permite construir conocimiento.
En segundo lugar, el juego nos ayuda a estrechar
los vínculos afectivos, entre ellos la amistad. El amigo es un compañero de
juego con quien es divertido jugar y con el que se comparte el gusto por una
misma actividad lúdica.
Por otro lado, para Brunner a través del juego
se aprenden las habilidades sociales que nos permiten desarrollar el
lenguaje. El niño antes de aprender a
hablar aprende a utilizar el lenguaje en su relación cotidiana con el mundo, y
los primeros juegos como gestos o nanas, es donde va a poder empezar a
desarrollar el lenguaje gracias al estímulo del adulto.
En tercer lugar, analizamos el papel del
adulto en el juego. Los adultos incluidos algunos educadores tendemos a
considerar secundario el juego frente a otras actividades “propiamente
educativas”.
Por otro lado, los adultos utilizamos el juego
para “castigar” o “extinguir” conductas que queremos potenciar en ellos. Pues
la espontaneidad y la intensidad con la que los niños se sumergen en el juego
es tal que, privarles de él o permitirles participar, equivale a la manipulación
de refuerzos para los adultos. Así pues, padres y educadores utilizan como
castigo “quedarse sin jugar”, ya sea sin un objeto o actividad determinada –“te
castigo sin balón”- o ya durante un
determinado periodo de tiempo –un recreo-. Por la misma razón se utiliza la
promesa de acceso a un juego particular, o de un tiempo libre extra, como meta
o incentivo que sostenga un determinado esfuerzo en otro tipo de tarea para la
que el niño está mucho menos motivado.
Como anteriormente he señalado, el juego es un
camino natural y universal que estimula el desarrollo de las capacidades
intelectuales y psicomotoras, proporciona al niño experiencias que le enseñan a
vivir en sociedad, a conocer sus posibilidades y limitaciones a crecer y
madurar. Así pues, el juego es el principal medio de aprendizaje en la primera
infancia, en este sentido es imprescindible destacar la importancia del juego
como actividad propia de la Educación Infantil. Pero ¿y en la Educación
Primaria? ¿Cómo podemos enlazar el paso de la Educación Infantil a la Educación
Primaria?
Como ya sabemos, una vez que se produce el
paso de Infantil a Primaria, el papel que tenía el juego en la primera etapa se
va perdiendo hasta quedar prácticamente extinguido en la práctica educativa.
Para ello, es necesario romper la aparente oposición entre juego y trabajo, que
considera este último asociado al esfuerzo para aprender, y el juego como
diversión ociosa. También depende de nosotros mismos el cambio, pues para
cambiar el sistema hay que empezar por uno mismo.
Así pues, el juego en Educación Primaria no es
bueno ni malo, todo depende de cómo lo utilicemos y qué objetivos queramos
llegar a alcanzar. De este modo, para introducir el juego es nuestras aulas
podemos utilizar una serie de metodologías tales como la caza del tesoro o las
webquest que son actividades didácticas guiadas o juegos colectivos,
cooperativos, competitivos o libres en función de la finalidad que queremos
conseguir. Así mismo, el profesor va a ser una parte muy importante del juego,
de ahí que va a tener que ser creativo, pues él va a proyectar y representar un
modo de jugar. Además, es él quien va a tener que crear una atmósfera motivante
y divertida en el juego, e incluso para que los niños se sientan más atraídos
por el juego él puede ser un participante más. Todo ello es llevarlo a la
práctica y valorar los resultados.
Otra forma de tratar el juego es relacionarlo
con los deberes. En mi aula he tenido la oportunidad de presenciar la
motivación que tienen los niños de realizar ellos mismos deberes como un juego
que la profesora no ha mandado. De esta forma, el maestro motiva al alumno y no
le obliga a hacer deberes sino solo muestra los “deberes o juegos” que han
hecho los alumnos en su casa para practicar las matemáticas y les refuerza
positivamente ante el resto de la clase. Esto provoca en los alumnos el deseo
de realizar tarea en casa planteándolo como un juego en el que se divierten y
aprenden.
Por último, es imprescindible concienciar a
los padres sobre la importancia del juego y la relevancia que tiene ir a jugar
al parque así como la importancia de jugar con los niños. Para ello, se pueden
realizar algunos cursos formativos que motiven a los padres a jugar con sus
hijos y que les informen de los diferentes tipos de juegos que pueden llevar a
la práctica para incidir en un tipo de juego u otro según las características
que presente el niño. Un ejemplo de ello, son los juegos que se llevan a cabo
para los niños con dislexia, tales como el juego del veo-veo, el juego de las
palabras encadenadas, el rompecabezas y muchos más juegos con los que los niños
pueden practicar en casa con sus padres y a su vez pueden ayudar a mejorar la
dislexia.
En conclusión, el juego es un instrumento
transcendente de aprendizaje de y para la vida y por ello, es un importante
instrumento de educación, y para obtener un máximo rendimiento de su potencial
educativo, será necesaria una intervención didáctica consciente y reflexiva.